domingo, 3 de febrero de 2008

Paradise Lost, the child murders at Robin Hood Hills/Revelations Paradise Lost 2


El 5 de mayo de 1993 tres niños fueron asesinados en West Memphis, Arkansas. Damien Echols, Jessie Misskelley Junior y Jason Baldwin fueron condenados en 1994 por el asesinato de estos. Sin pruebas que los inculpen, con un proceso lleno de irregularidades, negligencias en la investigación, abogados incompetentes y sobre todo una presión mediática y social rodeada de fanatismo propiciando una histeria colectiva que concluyó con Jason y Jessie condenados a cadena perpetua y Damián a la pena de muerte.

El seguimiento de este caso, desde la aparición de los cadáveres hasta la condena de “Los tres de West Memphis”, es el tema del documental “Paradise Lost, the child murders at Robin Hood Hills”. Un documental muy interesante y bien realizado en el que se capta perfectamente los aspectos intrínsecos de la América profunda. Esa América rural de clase baja en pleno cinturón bíblico, donde el miedo al infierno pesa más que la razón, donde los prejuicios hacía el aspecto y el rock son más importantes que el dialogo, donde, en definitiva, el fanatismo se ha abierto camino sin poder inculcar la lógica en los instigadores.

Tras el éxito del documental producido por HBO y dirigido por Joe Berlinger y Bruce Sinofsky, se creó una asociación de apoyo a los tres condenados.
Los mismos directores regresaron para realizar “Revelations Paradise Lost 2” donde se hace el seguimiento del segundo juicio. En este documental mediante un acercamiento a las familias de los acusados y a algunos componentes de la asociación por su liberación podemos comprobar el funcionamiento del sistema legal de USA. La relevancia de la publicidad y la importancia del dinero para tener más posibilidades ante la justicia.

Seguimos, impotentes, el sin fin de manejos, malas interpretaciones e injusticias que se cometen. El descarado desfase de uno de los padrastros de una victima, con un claro desequilibrio mental y social y con dudosas posibles pruebas que se esfuman y volatilizan.

Dos documentales que merecen ser vistos. Por un lado son ese buen reflejo de esa parte de la sociedad en ese lugar del mundo. Del mal llamado “1º mundo”, de la que se supone una de las democracias más asentadas y más evolucionadas del mundo, pero que por otro lado peca de tantas incoherencias. Por otro lado, por la más que injusta situación personal de los acusados y sus familias, sin olvidar las victimas, que merecen que se juzgue la realidad y se esclarezca el caso.

“Los tres de West Memphis tienen miles de seguidores que proclaman su inocencia por todo el mundo. Entre los más famosos están Metallica, que realizan la música del documental, Tom Waits, Winona Ryder , Stephen King o The Cure que han donado recientemente una guitarra autografiada a la fundación. Se han celebrado conciertos en su apoyo y se seguirán celebrando. El 11 de enero de 2008 la revista People de USA publicó un artículo de tres páginas sobre el tema. El 19 de diciembre de 2007 Larry King entrevisto a Damián Echols en el corredor de la muerte

La asociación, que continúa en marcha, se llama The WM3. La página Web es en ingles y la dirección está adjunta.

3 comentarios:

Chus-chus dijo...

Más sobre el tema:

Apoyo sin fronteras a "Los Tres de West Memphis"

Desde Moscú hasta la Antártida, más de cincuenta conciertos se celebraron en julio para pedir la libertad de "Los Tres de West Memphis". Los tres adolescentes, que fueron condenados en 1994 por el asesinato de tres niños, tienen miles de seguidores que les apoyan y proclaman su inocencia en todo el mundo. Entre los más famosos están el grupo Metallica, Tom Waits, la actriz Winona Ryder o el escritor Stephen King. Su juicio, celebrado en plena psicosis norteamericana por los crímenes satánicos, podría ser un nuevo fiasco. (Paul Ingram, El padre endemoniado de Olympia). En enero de 1994 condenaron a Jessie Misskelley, de 17 años, a cadena perpetua con la posibilidad de alcanzar la condicional, tras un mínimo de cuarenta años de confinamiento, por un delito de asesinato en primer grado y dos en segundo grado. Tres meses después, condenaron a Jason Baldwin, de 16 años, a cadena perpetua sin posibilidad de lograr la libertad condicional y a Damien Echols, de 18 años, a pena de muerte por tres delitos de asesinato en primer grado. El juez consideró que Damian era el jefe del grupo satánico que había orquestado los asesinatos.

Los crímenes
James Moore, Steven Branch y Christopher Byers, tres amigos de ocho años, desaparecieron en West Memphis (Arkansas, EEUU) el 5 de mayo de 1993. Iban en bicicleta cuando la madre de Moore les vio por última vez con vida a las 6 de la tarde. Dos horas después el padre adoptivo de Byers denunció su desaparición y empezó a buscar a los menores acompañado por su esposa, su hijo Ryan y la madre de Moore. Sobre las 10.30 horas se unieron al rastreo efectivos policiales. Estuvieron buscando hasta las dos de la madrugada y retomaron la actividad a las 8 de la mañana. La búsqueda había comenzado en la colina de Robin Hood, lugar en el que finalmente aparecieron los tres cadáveres el 6 de mayo a las 13.45 horas.
Los cuerpos de los tres niños estaban desnudos, con los tobillos atados a las muñecas por los cordones de sus zapatos. Les habían sumergido en zanjas de drenaje cercanas a un arroyo y presentaban golpes en la cabeza, el torso y las piernas. A Byers, además, le habían cortado el pene, el escroto y los testículos. Él era el único que presentaba heridas defensivas. La ropa y las bicicletas aparecieron también sumergidas en otra zanja. Sólo desaparecieron los calzoncillos de dos de los niños. No había rastros de sangre, ni se encontraron armas. Los agentes retiraron los cuerpos del lugar en el que fueron encontrados antes de la llegada del forense que, sin tomar la temperatura de los cuerpos, estableció que habían fallecido después del amanecer del 6 de mayo. Los cadáveres estaban lívidos y presentaban rigor mortis.

El sospechoso
Aunque el dueño de un bar cercano a la colina denunció el 5 de mayo, sobre las 20.30 horas, que un hombre negro cubierto de sangre y lodo había estado una hora encerrado en el aseo de mujeres de su establecimiento, y aunque posteriormente se encontrara un pelo de una persona de raza negra en la ropa de una de las víctimas, la policía no llegó a investigar está pista porque ya tenían a su principal sospechoso identificado. Uno de los investigadores llegó inmediatamente a la conclusión de que se trataba de un caso de criminales satánicos y al día siguiente interrogaron a su mejor candidato: Damien Echols, el heavy del pueblo. Echols era un adolescente que vestía siempre de negro y al que le gustaba el rock duro (Metallica, entre otros) y las novelas de Stephen King.

A Echols le gustaba Metallica y vestir de negro

Damien se llamaba Michael Wayne Hutcheson. Cambió el apellido de su padre por él de la nueva pareja de su madre y el nombre se lo puso en honor a un sacerdote católico que se dedicó al cuidado de los leprosos. En su búsqueda de identidad de la adolescencia empezó convirtiéndose al catolicismo, con Bautismo y Comunión incluidos, y acabó pasándose a la Wicca, una religión pagana que surgió tras la publicación en 1954 del libro "La Brujería Hoy" del británico Gerald Gardner. Esta religión se basa en ritos mágicos ancestrales de adoración a las fuerzas de la naturaleza. Es una religión sin jerarquías, que considera el sexo como un placer y en la que sus seguidores aspiran a convertirse en brujos, en el sentido de ser capaces de controlar las fuerzas internas del ser humano para vivir mejor, en armonía con la naturaleza, y sin dañar al prójimo. No creen en la existencia de Satanás, hacen ceremonias mágicas desnudos en función a las fases lunares, solsticios y equinocios. Los detractores de Gardner le califican como un masón, nudista y sadomasoquista y califican a esta religión como un refugio de homosexuales. (Echols tienen en el pecho tatuada una estrella de cinco puntas, símbolo de esta creencia).
De todas formas, el chico no debió encontrar el consuelo que buscaba en sus descubrimientos espirituales e intentó suicidarse en varias ocasiones, entre los 16 y los 18 años. Se intentó ahorcar, ahogar, apuñalar y tomó pastillas, sin el resultado esperado. A los 17 años se fugó con su novia. Entraron en una casa abandonada donde les detuvo la policía. Entonces, le diagnosticaron un trastorno maníaco depresivo.

La confesión

Jessie tenía un trastorno de aprendizaje

Tras interrogar en numerosas ocasiones a Echols, como principal sospechosos, y a su amigo Baldwin, por extensión, el 3 de junio de 1993 la policía detuvo a Misskelley, un menor que padecía un trastorno de aprendizaje. Tras un interrogatorio de 12 horas realizado sin asistencia jurídica ni la presencia de su tutor, Misskelley acabó confesando su participación en los crímenes junto con Echols y Baldwin. Del extenso interrogatorio la policía sólo conservó los veinte minutos en los que el menor confesaba la autoría. Dijo que Echols y Baldwin pegaron a los niños en la colina de Robin Hood, violaron a dos de ellos y les obligaron a realizarles una felación. Misskelley afirmó que desde hacía tres meses pertenecía al culto de Echols y que durante este tiempo solían reunirse en el bosque para celebrar orgías y rituales que consistían en matar perros para comérselos. Misskelley identificó la ropa que vestían el día que se cometieron los crímenes, se hizo un lío con la hora a la que se perpetraron y, finalmente, dijo que se encontraron con los niños en la colina al anochecer.
Posteriormente, Misskelley se declaró inocente y señaló que había confesado por coacciones policiales, pero el juez que les condenó dio por válida su primera versión, que fue la principal prueba condenatoria.

Testigos y pruebas
Aparecieron algunos testigos, cuyos testimonios no son del todo fiables debido en parte a la fuerte recompensa ofrecida. Un niño afirmó que había visto a unos hombres que hablaban español en el bosque, después dijo que había sido el padre adoptivo de Byers y finalmente, tras la confesión de Misskelley, reconoció a los tres acusados. La madre del supuesto testigo declaró, además, en el juicio que había asistido a una ceremonia satánica con Echols en el coche de éste. Y, aunque Echols no tenía coche y la mujer no pudo identificar el lugar de la ceremonia, ni a otros participantes, ni el contenido de la misma y tras el juicio reconoció que se lo había inventado, se convirtió en uno de los testigos de la acusación.
Se presentaron como pruebas fibras encontradas en casa de los acusados (algunas eran de ropa de sus familiares) que se correspondían con fibras halladas en la ropa de las víctimas, pero no se analizó la ropa que Misskelley dijo que llevaban puesta ese día. También se presentó un cuchillo de sierra que la policía encontró cerca de la casa de Echols y que éste no identificó.
Dale Griffis, un especialista en cultos satánicos, que se doctoró en la materia gracias a un curso por correspondencia, declaró en el juicio que los asesinatos se habían perpetrado en el contexto de una ceremonia satánica. El especialista explicó, por ejemplo, la ausencia de sangre por la afición de los adoradores de Belcebú a bebérsela y bañarse con ella. También dijo que a Byers le habían quitado los testículos para hacer rituales con semen.

La defensa

Jason cayó por ser el amigo de Echols

Los expertos de la defensa (que accedieron a estudiar el caso gratis, porque los acusados son pobres) no pudieron declarar en el juicio. El doctor Ofshe, un psicólogo experto en confesiones falsas, con premio Pulitzer incluido, tras entrevistarse con Misskelley y escuchar la grabación de su confesión, llegó a la conclusión de que ésta era falsa y de que habían coaccionado al adolescente, pero el juez había dado validez a la confesión en una resolución anterior y no permitió que testificara. Entre otras cosas, el psicólogo señaló que el relato de Misskelley no coincidía en algunos aspectos con los hechos. El adolescente había dicho que ataron a los niños con cuerdas, cuando estaban atados con sus propios cordones de zapatos, se equivocó con las horas y, además, no hay pruebas que indiquen que los menores fueron violados. Tampoco pudo declarar un experto en el detector de mentiras que había llegado a la conclusión de que los adolescentes eran inocentes.

El perfil del asesino
Pero fue el informe de Brent Turvey, un profesor de universidad experto en ciencia forense y en la elaboración perfiles de criminales, el que se convirtió en el principal argumento de la defensa. El caso es que los seguidores de los adolescentes que crearon la Web "Free the West Memphis Three" consiguieron contactar con Turvey (que también accedió a analizar el caso sin cobrar) cuando ya se había celebrado el juicio y los jóvenes habían sido condenados.
Según Turvey las heridas en la cara de Branch, atribuidas en el juicio a un cuchillo de sierra (similar al encontrado cerca de la casa de Echols) eran realmente mordeduras humanas. Dato que fue confirmado por un odontólogo forense que, además, comprobó que no se correspondían con las dentaduras de los tres condenados y que eran de la boca de un humano adulto. Turvey señaló, además, que no se había analizado un trozo de tela que apareció en la mano de Moore (que podría ser de la ropa de su agresor) y que tampoco se estudió lo que parece ser la huella de un zapato en la espalda de Branch.
En su opinión, los crímenes no se cometieron en el lugar en el que aparecieron los cadáveres porque tendría que haber una gran cantidad de sangre (por la mutilación de Byers) y porque los asesinos necesitaron luz y mucho tiempo para atacar a las víctimas, que seguramente gritaron (en función a las múltiples agresiones que presentaban), y alguien les podría haber visto u oído porque la búsqueda de los menores se había iniciado la tarde anterior. Además los cuerpos no presentaban picaduras de mosquitos que serían normales en caso de haber permanecido mucho tiempo al lado de un arroyo. Datos que no concuerdan con la confesión de Misskelley y exonerarían a los condenados.
En cuanto al perfil de los asesinos, Turvey señaló que debía tratarse de dos personas que conocían a las víctimas y tenían su confianza, que se llevaron a los niños a un lugar donde los asesinaron, después utilizaron un vehículo para llevar los cadáveres y las bicicletas y los tiraron en la colina. En función de las heridas que presentaban, cree que los asesinos estaban furiosos con Byers y Branch, a los que pretendían castigar por algo, y que lo único que tenían contra Moore era que estaba con los otros dos cuando les encontraron. Además, según el experto, las heridas que presentaban podrían indicar que a Branch le agredió una mujer y a Byers un hombre. Indicó también que tanto Branch como Byers presentaban signos de haber sido sometidos con anterioridad a agresiones físicas o abusos sexuales. Extremo que podría corroborar el hecho de que la madre de Byers había contado anteriormente en el colegio que sospechaba que su hijo había sufrido abusos sexuales.
Turvey añadió que el principal agresor podría ser un hombre egocéntrico, hostil, egoísta, dominante, celoso y violento con las mujeres, que posiblemente se ha casado varias veces, tiene una colección de cuchillos o armas de fuego, padece alcoholismo o algún tipo de drogadicción, ha estado en la cárcel con anterioridad y conduce algún vehículo masculino, como una camioneta. En cuanto a la mujer, Turvey señaló que podría tratarse de la esposa del asesino.

Los partidarios de "Los Tres de West Memphis" confían ahora en que se realicen pruebas de ADN, a un millar de objetos recogidos en la escena del crimen, que exoneren a los condenados.
Bruce Sinofsky y Joe Berlinger dirigieron dos documentales sobre el caso:
"Paradise Lost: The Child Murders at Robin Hood Hills" y "Paradise Lost 2: Revelations", que hicieron famosos a los condenados en numerosos países.
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La investigación avanza a miles de kilómetros de años luz por hora - Miguel Ángel Rodriguez Bajón

Anónimo dijo...

que mal la justicia del mundo... apoyo totalmente a los tres adolescentes que fueron culpados por el jurado el 5 de mayo de 1993 por haber violado y mutilado a tres niños de 8 años... pero piensen, tres ADOLESCENTES no tienen ese tipo de mentalidad. Todo eso fue acto de los Policías para así ellos no quedar sin trabajo... que mal.

Saludos a todas las familias de estos adolescentes y niños.

Anónimo dijo...

En este caso es notoria la falta de inteligencia por parte de los "profecionales" de investigacion, quedaron muchas dudas al respecto de las declaraciones de esos tres adolescentes y las pruebas no tienen sentido común.
A pesar de eso mi opinión es que los culpables fueron ellos tres y se merecen esa condena.
Si prestan demaciada atencion y ven el documental con el corazon pensando en los tres niños asesinados y dejan de lado el orgullo de defender la música, religión, vestimenta, etc... se darán cuenta que hay mucha falsedad en esos adolescentes.
Esas miradas egocentricas y desafiantes no niegan la verdad más allá de las palabras.
En ningún momento negaron sus culpas más que decir que eran inocentes como en todo juicio.
Falta desesperación en decir que son inocentes, sus sonrisas son de burla más que de verguenza!
Si se fijan bien, en la última parte donde testifica el padrastro de uno de los niños asesinados, Denian se siente muy relajado y se peina frente a un espejo creyendo que esa declaracion y esas pruebas ivan a culpar a ese padrastro malvado, pero para sorpresa de él no fue así.
Jason tardo en responder cuando su abogado le conversaba sutilmente para que de alguna manera confiese que habia sido Demian el de esa idea tan macabra de asesinar a tres niños inocentes. Dudó y tenia muchas ganas de confesar, pero ya habian dado la sentencia y seguramente pensó que era tarde decir la verdad, ya nada de eso serviria en ese momento, pero en su cara estaba la amargura de proteger a su amigo más que a su vida